La desaparición y el feminicidio han cobrado relevancia notable en los niveles público y político, ante la “incomodidad que genera el miedo colectivo a algo que no se quiere tener cerca”, por un lado, y debido al acercamiento de esta realidad–que lleva ya varias décadas– a la propia sociedad, por otro, sostuvo el doctor Claudio Lomnitz, egresado y ex investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
 
Ambos temas han ido ganando espacios, reconocimiento y vencido poco a poco el proceso colectivo de un fenómeno aterrador, pero cierto, que se debe enfrentar, pues hay una tendencia a no querer verlos como algo que encarne la situación, tanto de la sociedad como del Estado mexicano, pero “tristemente sí los representa”, dijo el miembro del Colegio Nacional y Egresado Distinguido de esta casa de estudios.
 
En el caso del Estado, porque lo primero que sufren los familiares de personas desaparecidas o mujeres asesinadas es la labor de policías, ministerios públicos, peritajes y todo el aparato que tiene que ver con la procuración de justicia, que carece de un funcionamiento adecuado, precisó el miembro del Centro de Estudios Mexicanos de la Universidad de Columbia.
 
Si hay algo emblemático en el grave escenario de la administración judicial son las experiencias de quienes buscan a sus seres queridos, destacó el escritor y antropólogo en la inauguración del Coloquio internacional: Desaparición forzada y feminicidio: violencias, crímenes y resistencias, convocado por la Casa abierta al tiempo; el Centro de Estudios Mexicanos de la Universidad de Columbia; el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y el Instituto para el Fortalecimiento del Estado de Derecho A.C.
 
La doctora Pamela Colombo, académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Laval, expuso que durante la dictadura militar que rigió en Argentina entre 1976 y 1983, los opresores hicieron desaparecer a 80 mil personas y a la vez dejaron un legado en infraestructura: carreteras, campañas sanitarias, escuelas e incluso pueblos enteros.
 
El poder castrense “tenía la intención de mejorar las condiciones locales de la población para evitar que ésta ayudara a los movimientos rebeldes” en lo que se conoce como política de contrainsurgencia y una filosofía de ganar los corazones y las mentes”.
 
La investigadora trabajó en la construcción de cuatro localidades estratégicas en la provincia de Tucumán que fueron creadas para el desplazamiento forzado de campesinos que vivían en los alrededores.
 
Cuarenta años después circula el rumor de que los militares habrían enterrado cadáveres de desaparecidos y “por eso se me ocurrió poner en diálogo ciertas experiencias” y analizar algunos elementos, ya que los habitantes siguen viviendo ahí y estudiar las versiones sobre las fosas permite comprender las dinámicas socioespaciales que se crean y se van cristalizando en las sociedades que fueron atravesadas por la violencia de Estado.
 
Al respecto “escuché las mismas historias: los entrevistados repetían que bajo los cimientos de esos poblados fueron enterrados muchos cuerpos, sin embargo, a pesar de que nunca se realizó algún trabajo forense en esas comunidades, la presencia de restos es sentida como tal por quienes viven” en las cercanías.
 
Los rumores son narrativas que se construyen en el presente sobre el pasado y la veracidad no puede demostrarse, aunque “eso no significa que no sea posible que en efecto haya fosas debajo, si bien por el momento no es demostrable, aun cuando conecta con otras historias de inhumaciones clandestinas, gente arrojada a ríos o pozos en la Argentina de aquella época”.  
 
La revisión del vínculo entre “los testimonios y la geografía del posconflicto nos deja entender los problemas de largo plazo y ver cómo los pobladores han podido gestionar esos temas, pues son muy importantes los espacios, pero también lo que dicen de ellos y sus recuerdos, incluso cómo estas remembranzas han modificado los sitios”.
 
También pueden servir en la búsqueda de desaparecidos en los puntos de inhumación clandestina, a partir de los discursos de memoria y referencia a aquéllos, sostuvo la autora de Espacios de desaparición: vivir e imaginar los lugares de la violencia estatal.
 
La doctora María de los Ángeles Briones, doctorante del Politécnico de Milano y parte del grupo argentino de Antropología Forense, mencionó la relevancia de utilizar el diseño y las nuevas tecnologías en las operaciones de búsqueda para “dar sentido a los datos y poder visualizarlos de manera que esto se transforme en una herramienta de investigación”.

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