La sociabilidad que la nueva normalidad –derivada de la pandemia del SARS-CoV-2– está imponiendo a los jóvenes de México en sus consumos culturales y el uso del tiempo libre debe ser repensada, a partir de una exploración de contenidos de nuevos imaginarios colectivos, coincidieron académicos participantes en la segunda sesión de los Seminarios virtuales en el marco de la planeación de la Encuesta Nacional de Juventud.
 
En el encuentro, organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y el Instituto Mexicano de la Juventud, el doctor Alfredo Nateras Domínguez, investigador del Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa de la Casa abierta al tiempo, planteó que se trata de la apropiación de un bien con un significado específico que permite a ese sector de la sociedad ingresar al universo simbólico de lo que representa.
 
El foco de la discusión “estaría justo en que los consumos culturales no tienen que ver con la cuestión material, sino que se retraducen como capitales simbólicos”, precisó en la charla orientada a la construcción de instrumentos metodológicos para la planeación de la cuarta Encuesta Nacional de Juventud, cuya complejidad radica en que es cuantitativa, mientras que lo que se proyecta debe darse desde la práctica social y las expresiones culturales o la parte cualitativa que incluya al segmento de entre 12 y 29 años.
 
Al respecto planteó una innovación que combine estrategias cuantitativas y cualitativas para resolver tensiones o conflictos de los mecanismos aplicados en los años 2000, 2005 y 2010, además de considerar que “hay un antes y un después del COVID-19, es decir, de lo que está pasando en el encierro y después de la pandemia, en una línea del tiempo que lleve a repensar la sociabilidad, los consumos y el uso del tiempo libre, así como a una exploración sobre el contenido de esos imaginarios colectivos de las juventudes y los nuevos contenidos en las actuales circunstancias”.
 
El coordinador del Diplomado Culturas juveniles. Teoría e investigación de la UAM sostuvo que no se trata de un escrutinio para saber qué tan felices son, sino los afectos y lo que pasa con las emociones en un entorno de incertidumbre y miedo.
 
Otro punto que también resulta fundamental repensar es el género, porque pareciera que sólo existen masculino y femenino, “pero ¿qué pasa con gays, lesbianas o trans?, quienes siguen siendo jóvenes y a ellos la encuesta no los mira”, aunque están presentes en términos de prácticas sociales y consumos culturales, “por lo que es pertinente abrir o desmontar la cuestión heteronormativa que excluye las otras formas identitarias sexuales”, finalizó.
 
El doctor Juan Pablo Zebadúa Carbonell, docente de la Universidad Autónoma de Chiapas, coincidió en que los investigadores de las ciencias sociales están ante el reto de repensar las sociabilidades, pues “si bien antes teníamos temor a una guerra nuclear, ahora es a algo que no vemos e invisible: un virus que puede acabar con la vida o trastocar todo lo que teníamos pensado como esencia de lo humano, alterando y generando angustia colectiva”.
 
Debido a que no todo lo que los jóvenes ven en redes sociales, espacios virtuales o dispositivos móviles es cultura, la recopilación de datos hacia la encuesta deberá valorar qué es lo que están consumiendo en realidad.
 
El diverso y complejo uso del streaming y las tecnologías digitales –desde antes de la contingencia– ahora se incrementó entre los jóvenes, por lo que debería ser incluido en la encuesta, afirmó el maestro Hermes Esteban Mayorquín Hernández, líder de Proyectos de gestión y participación en el Instituto de Planeación y Gestión del Desarrollo del Área Metropolitana.
 
La segunda sesión de los Seminarios virtuales en el marco de la planeación de la Encuesta Nacional de Juventud abordó el tema: Uso del tiempo y consumos culturales.

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