Este miércoles 13 de mayo el Gobierno de México anunció la estrategia denominada “la nueva normalidad”, la cual pretende la reapertura de la vida social, económica y educativa del país. Sin embargo, varias personas y medios de comunicación han usado el termino “regresar a la nueva normalidad”, lo cual resulta contradictorio conceptualmente.

 

En ese sentido, no se puede regresar a algo nuevo, pero sobre todo, y más importante, la normalidad, la cotidianidad que vivíamos antes de la Jornada de Sana Distancia ya no existe, no vamos a volver a ella, el COVID-19 vino a sepultarla. Pero no debe verse como algo negativo o apocalíptico, ¿en realidad valdría la pena regresar la normalidad antes de la pandemia? ¿nuestra vida en sociedad era la mejor?

 

Para responder esas preguntas, vale la pena considerar lo siguiente. Esta pandemia probablemente trajo problemas nuevos, pero sobre todo, volvió a poner ante los reflectores problemas que ya teníamos en nuestras vidas y no hemos podido, o querido, erradicar: violencia intrafamiliar o de género, sistemas de salud deficientes, un sistema educativo rezagado, trabajos precarios que evitaron que la gente se resguardara en sus hogares, individualización, las llamadas fake news, no hablar ni atender la salud mental, problemas ambientales, por mencionar algunos y ya son bastantes.

 

La pandemia nos ha dejado varias heridas. Además de sacar a relucir los problemas ya antes mencionados, muchos, desafortunadamente, han perdido seres queridos y/o se quedaron sin una fuente de ingreso. Por todo esto, debemos ver esto como una oportunidad para repensar una nueva forma de vida, de vivir en sociedad, pensemos en lo más utópico, es el momento.

 

El filósofo Byung-Chul Han, de origen coreano radicado en Alemania, en una entrevista para la agencia de noticias internacional EFE mencionó que el COVID-19 ha dejado latentes diferencias sociales. En ese sentido, menciona que “la historia de la Humanidad es una lucha eterna contra lo divino, que resulta destruido necesariamente por lo humano. La pandemia es el resultado de la crueldad humana. Intervenimos sin piedad en el ecosistema sensible”. Por ello, vale la pena repensar nuestra forma de actuar, la cual ha sido devastadora con nuestro planeta y con nosotros mismos, dejar atrás la crueldad y establecer un nuevo sistema que nos permita vivir de forma armónica simbióticamente.

 

Quienes tuvieron la oportunidad de poder resguardarse en sus hogares quizá observaron que sus hábitos de vida y de consumo cambiaron, ¿en verdad es tan necesaria la acumulación de objetos materiales, de capital? El mismo filósofo coreano menciona que “el capital es el enemigo del ser humano, no podemos dejar todo al capital. Ya no producimos para las personas, sino para el capital”. Hemos estado siendo egoístas y hemos olvidado que vivimos en una sociedad, donde lo que hagamos afecta al otro, nos ha faltado ser más empáticos y entender a los demás.

 

Parece ser muy pesimista y desalentador lo que aquí escribo, pero no tiene que verse así, sino es para pensar en una nueva forma de organización. Zizek y Byung-Chul Han han tenido un debate sobre si esto es el fin del capitalismo o no, hasta el momento parece que no, pero es momento de plantear una nueva visión. La tarea no es sencilla, Boaventura de Sousa, en su libro Descolonizar el saber, justo menciona que es difícil imaginarse una alternativa al capitalismo cuando todo lo que conocemos y hemos vivido es justamente una vida capitalista, pero vale la pena hacer el intento.

 

Así mismo hay que reflexionar sobre el concepto de progreso, ¿progreso para quién y bajo qué lógica? Recientemente Nueva Zelanda anunció que ya no usaría el PIB como referencia, sino el “bienestar de la población”. México parece ser que quiere ir en ese rumbo, lo cuál no es nada nuevo, ya otros países lo han hecho, como es el caso de Bután que comenzó en 2008. ¿Es esta la mejor alternativa? Aún no lo sabemos, pero queda claro que no podemos seguir bajo la lógica que estamos siguiendo y por tanto no podemos, ni debemos, regresar a la normalidad, sino repensar una nueva forma de vida, más empática donde podamos solucionar los grandes problemas que esta pandemia agravó.

 

LAS OPINIONES AQUÍ ESCRITAS SON RESPONSABILIDAD DE QUIÉN ESCRIBE Y NO NECESARIAMENTE COINCIDEN CON LA LÍNEA EDITORIAL

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