La situación de pobreza ha empeorado en Argentina aún más desde el pasado abril, cuando el peso comenzó a depreciarse y volvió a desbocar la inflación, con aumentos de más del 100% en alimentos básicos como la harina. El 27,3% de los argentinos son pobres, lo que equivale a 11 millones de personas. De ese total, 4,9% son indigentes, es decir, que sus ingresos no alcanzan ni siquiera para comprar comida. La cifra, difundida hoy por el organismo oficial de estadísticas (Indec) supone un golpe para Mauricio Macri, quien llegó a la Presidencia argentina con la pobreza cero como una de sus prioridades.

La dura realidad es visible en las calles de Buenos Aires, donde en los últimos meses ha crecido el número de personas que vive en la calle. Además de hombres solos, que son mayoría entre los sin techo, hay también familias con hijos pequeños que duermen sobre colchones en las aceras. «Nos desalojaron de la pieza porque no podía pagarla», cuenta Jennifer, a cargo de una niña de seis años, en una de las calles del centro. Esta mujer originaria de Salta, en el norte de Argentina, trabaja limpiando casas, pero le redujeron las horas hasta que le fue imposible hacer frente al alquiler. Cuenta que ella y su hija se alimentan de comida que les dan los vecinos o que encuentran en la basura, aunque también se han acercado alguna vez a Plaza de Mayo, donde voluntarios de Red Solidaria ofrecen cenas calientes y abrigo para más de 300 personas.

Argentina fue un país rico que no se familiarizó con la pobreza masiva hasta los años 80. La marginalidad creció en los 90, explotó después de 2001 -cuando la mitad de la población quedó bajo la línea de la pobreza- y siguió por encima del 25% durante el kirchnerismo. A diferencia de otros países latinoamericanos, donde la pobreza está naturalizada, en Argentina estas cifras generan indignación.

Macri decidió mantener los programas sociales del kirchnerismo como red de contención y ha excluido el gasto social de los recortes previstos en 2019. El presupuesto para el año que viene, condicionado por la exigencia de equilibrio fiscal impuesta por el Fondo Monetario Internacional a cambio de un rescate de 57.000 millones de dólares, prevé un aumento del 37% en esa partida, frente a tijeretazos en otras áreas, como la obra pública. Sin embargo, la crisis cambiaria se ha llevado por delante los esfuerzos del Gobierno para mejorar las condiciones de vida de los más vulnerables. Macri repite en sus discursos que quiere ser juzgado por su capacidad para reducir la pobreza en Argentina. Falta casi un año y medio para la evaluación final, pero los últimos datos amenazan con una nota negativa.

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